El año 2010, Sebastian Piñera, se comprometió a normar esta situación, incluyéndolo en su programa de gobierno y dándole una importancia significativa en él, y es hoy que, desde la Oposición, organizaciones vinculadas a los derechos homosexuales e incluso personeros del mismo Gobierno, se ha iniciado una fuerte ofensiva para que se definan los términos en que se quiere legislar y se le de a la vez celeridad a su tramitación. Sin embargo, las cosas llegado a este punto ya no parecen tan sencillas.
Un basto sector de la población considera que, para que exista verdadera igualdad y se termine con esta discriminación excluyente, es necesario se amplíe el matrimonio - digámosle heterosexual - dando cabida también a parejas del mismo sexo que deseen casarse.
Otro importante sector razona de la siguiente manera - entre ellos el Presidente -: El matrimonio es entre un hombre y una mujer; por lo que se hace necesaria la creación de una institución diferente que albergue a quienes no coinciden en esta premisa básica. Con iguales derechos y deberes; pero con distinto nombre.
Al parecer, no existen mayores reparos a que se legisle en esta materia. Sabidos son los casos de injusticia en los que se puede incurrir por mantener este vacío en cuanto a estas uniones respecta. Así las cosas, parece momento de entrar en tierra derecha:
El español, Juan Ramón Jimenez, premio nobel de literatura en el año 1956, rezaba: "Inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas". En sus palabras están contenidas las aspiraciones de cualquier lengua: la suficiente precisión terminológica que nos permita argüir toda ambigüedad posible que se nos presente y nos encamine a un equívoco.
Si las palabras tienen un valor en sí mismas y su límite está dado en su propia definición, la inclusión de las parejas homosexuales a este concepto es una abierta contradicción con el sentido y alcance de la palabra y, en último término, con el espíritu de la institución del matrimonio. Me explico: Matrimonio viene del latín matrimonium, la que proviene a su vez de matremmonium (calidad de madre). En su constitución, este vocablo alude directamente a la procreación, a la capacidad - y no al hecho - de ser madre (en comunión con un hombre, claro está).
Lo anterior, no responde a un espíritu conservador y homofóbico, que es el primer argumento ante estas observaciones; más bien, creo es un intento racional por buscar un debate más preciso en este ámbito, pues considero muy peligroso que, so pretexto de discriminación, se vulneren todas las instituciones existentes. Quisiera ejemplificarlo: Argumentando discriminación arbitraria, podría alegar un hombre el que no se le permite entrar a estudiar en un colegio de niñas o siendo extranjero, alegarla porque no le es posible acceder a ciertos cargos políticos en el nuevo país. Mejores que estos ejemplos sobran.
Es claro entonces, que los límites que el espíritu mismo del matrimonio lleva impreso, debilitan la opinión de quienes sugieren que basta una simple modificación de la norma, que define el matrimonio, para revertir esta injusticia. Algunos alegarán que en democracia, y habiéndose separado el Estado de la Iglesia hace mucho tiempo atrás, la mera voluntad de las personas bastaría para incluir a este grupo relegado. Sin embargo, es evidente que, como el acuerdo de las mayorías no hace el día noche, así tampoco puede desconocer la definición morfológica y sustancial de esta institución.
Abordado ese punto, es necesario además reconocer una cierta dignidad especial al matrimonio, por cuanto es la institución que, por excelencia, permite la perpetuación de la especie. No es este un juicio exento de polémica. Algunos creen que rebaten este argumento señalando el hecho de que existen muchas parejas - heterosexuales - que no quieren o no pueden tener hijos, no obstante estando casadas; supone esto entonces que no es un requisito la procreación para la existencia de un verdadero matrimonio. Sin embargo, y recordando lo dicho párrafos atrás, el matrimonio se remite a la capacidad de ser madre y no al hecho de serlo.
Son las potencias de Aristóteles las que nos ayudarán a entender mejor: Todo ser humano al momento de nacer, en potencia, llegará a hablar o habrá de desarrollar un juicio crítico, a menos que, surja un impedimento exterior que lo trunque. Así, todo ser humano tiene lal posibilidad - potencia - de reproducirse en pareja, a menos claro, que por hechos distintos a su propia naturaleza, no pueda procrear. Finalmente, el no ser capaz de concebir, pudiéndolo haber hecho en un estado normal, no crea una inmediata prohibición para contraer matrimonio, sino que nos remite a su estado natural, a sus potencias. Es por eso, que cuando nos enfrentamos a una criatura que ha nacido con limitaciones cognoscitivas o físicas, entendemos que igualmente es parte del género humano y que esas carencias representan una excepción a su naturaleza nada más.
Desde esta perspectiva, un hombre y una mujer por su naturaleza están capacitados para la procreación; sin embargo, una pareja de hombres u otra de mujeres jamás podrán concebir. Tienen un impedimento biológico a priori.
Me declaro a favor de legislar las uniones homosexuales y darles el mismo trato que a cualquier otra; pero no me es posible consentir que se utilice la institución del matrimonio como medio para conseguir ese fin. Espero sinceramente que este brote de progresismo vaya de la mano de un debate racional y que no se consuma, como ha sido la tónica, en discusiones pasionales e ideológicas de poca monta.
Germán Westhoff.
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